La hipoteca hipotecada
Economía — Por admin febrero 20, 2009 20:57Tengo un dilema y no sé cómo resolverlo. Es un dilema de esos que afectan a lo más profundo de las convicciones personales: Unas 70 personas se han manifestado ayer en Elche para reclamar a los bancos la implantación de “una hipoteca justa” y a la Administración la aplicación de “ayudas verdaderas” destinadas a aquellos ciudadanos con problemas para cumplir con los pagos mensuales de su vivienda… y mi angelito bueno, encima de mi hombro izquierdo no hace más que discutir con mi diablillo malo, encima de mi hombro derecho. “Que se jodan por no ser previsores, por querer vivir por encima de sus posibilidades, por no pensar en el futuro, ni en el interés variable, y que en el siglo XXI se han acabado los empleos para toda la vida” dice Luciferín. “Pero los precios de la vivienda estaban disparados y el que quería comprar una tenía que empeñarse hasta las cejas y además la subida de tipos de interés en los últimos años ha sido abusiva” le replica el querubín. Y así los tengo desde ayer, dale que te pego con el tema, que no me dejan ni pensar en cosas más interesantes.
Los manifestantes coreaban algo tan evidente como “banqueros peseteros”. El angelote no hace más que repetirme que es cierto, los banqueros son unos abusones y además se han dedicado alegremente a conceder préstamos sin ton ni son, se han embolsado los beneficios y si te he visto no me acuerdo. El asqueroso diablillo, en cambio, me dice que a ver si alguien se pensaba que los bancos eran como las hermanitas de la caridad, dispuestos a soltar la pasta a cambio de nada. Dejo un instante que esos dos se peleen para pensar por un momento qué es una “hipoteca justa”. Para empezar creo que los dos términos son contradictorios. Hipoteca, junto con su hermana gemela “la compra de vivienda” significa entrar en el juego de la economía de mercado, atenerse a sus normas y a sus consecuencias, algo a lo que pocas veces se le puede aplicar el adjetivo de “justo”. Y es que, o la gente es muy cándida, cosa que no creo, o la ilusión por poseer algo propio, que se pueda legar a los descendientes, supera a toda prudencia aconsejable. Eso lo comprendo, somos humanos, pero salir a la calle y plantarse delante de cada sucursal para gritarles a los pobres bancarios casi produce ternura, de pura igenuidad.
Pero es que además pretenden conseguir ayudas de la Administración. La presidenta de la Asociación de familias hipotecadas y embargadas, Toñi Cano, admitió que “hay gente en el paro o con trabajo que no llega a fin de mes”, y aseguró que “la situación es muy dramática”. Los asistentes solicitaron la paralización de los embargos que afectan a los desempleados, el apoyo de las administraciones públicas a los que no pueden abonar sus hipotecas y la revisión de éstas por parte de las entidades bancarias. Y aquí mi ángel del hombro izquierdo dice que sí levantando el puño: si el derecho a una vivienda digna está incluido en la Carta Magna, el Estado tiene la obligación de colaborar al menos en la consecución de ese derecho. Pero claro, dice el diablillo, el estado no puede favorecer a unos ciudadanos poco previsores discriminando a los que han sido prudentes, o se ayuda a todos en función de su situación económica o no se ayuda a nadie. Yo, que estoy en medio, llego a la conclusión, ya expresada en un post anterior, que hay que promover las Viviendas de Protección Oficial de alquiler y realojar en ellas a la gente afectada por esta situación, pero que lo que es un bien de todos siga siendo de todos para el futuro, y para la gente que lo seguirá necesitando. Pero ahí siguen esos dos, erre que erre sin ponerse de acuerdo. A este paso voy a aplicar un ERE a mi conciencia por una temporada, a ver si me deja descansar.
Etiquetas: administración pública, banca, vivienda

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