Viaje a Perú: Lima
Viajes — Por admin agosto 3, 2010 13:14Cuando volvimos del Cusco y Machu Picchu me instalé en Lima en un hotel que había justo enfrente de casa de J. P. para estar así unos días con él, Juana, el niño y su familia. Era un sitio agradable, último piso, con yacuzzi en la habitación, y a un precio estupendo. Una noche, al volver, una chica de voz cavernosa y medias de malla me dijo en el pasillo blandiendo un cigarro: -¿Tienes fuego, guapo?- Le di fuego y seguí mi camino. Al día siguiente quise saber en qué clase de alojamiento me habían instalado. El silencio y la sonrisa del negro bastaron para entender. La ciudad de los reyes es un caos de tráfico, urbanístico, migratorio, urbano y humano. Pero es también la ciudad de algunos buenos amigos y sus hospitalarias familias y eso es suficiente para apreciarla.
A las afueras de Lima hay un pueblecito llamado Salinas que tiene un lago medicinal. El agua era espesa y verdosa y se flota como en el Mar Muerto. Además vendían unas bolsitas de arcilla blanca, para la piel, que no dudamos en comprar. Estaba yo tranquilamente en la orilla del lago, con el agua hasta la cintura, embadurnándome el cuerpo con aquella pasta cuando se acercan un reportero y su cámara. Me enchufan a traición la alcachofa y preguntan: -¿Sabía Ud. que corren rumores de que el lago está contaminado con metales pesados?- A buenas horas mangas verdes. Pero Lima es así. Puedes ir a Pizza Hut y salir con el bolsillo temblando cual si fuera Arzak, pero puedes comprar cualquier cosa falsa en Gamarra a precios de risa. Si quieres material robado hay centros comerciales enteros cual Harrods del choriceo, pero en las zonas pijas sólo pagas en dólares. Las villas de La Molina no están tan lejos de Villa El Salvador y detrás del decorado de la plaza de armas, de la catedral y del Palacio de Gobierno, todo se cae a pedazos. Es la contradicción hecha ciudad, supongo que como tantas otras.
Pero la ciudad de los reyes es también mágica. Mágica por su luz, por su color tierra clara pintada por las casas, por su gente amable y vividora, por su alegría… y mágica porque sus habitantes aún creen en la magia. Celebramos mi cumpleaños en un restaurante al borde del mar. Cuando salimos no quedaba allá ni un solo taxi. Cogimos andando la carretera hacia una zona urbana hasta que topamos con un túnel oscuro como cueva de brujas. Mientras entrábamos a alguien se le ocurrió contar la historia: si entras en el túnel con un coche, lo paras y gritas “¡Cojo, empuja!” el coche comienza a moverse solo y si miras atrás verás a un cojo ensangrentado al que atropellaron allí. Atravesamos el túnel sin ver nada, a la luz de los mecheros, agarrados los unos a los otros y no paramos hasta ver el final. Pero también fui a una sanadora que me pasó un huevo por todo el cuerpo y luego lo cascó en un vaso y se puso a leerlo. Me dijo finalmente que era víctima de la envidia. Me pidió 10 soles y como le di 20 prometió prepararme un amuleto que nunca recogí. Siempre pienso que en una casita de Lima hay un amuleto que me pertenece y que tarde o temprano tendré que ir a buscar.
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Etiquetas: Latinoamérica, mis viajes, Perú, vivencias

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Un destino maravilloso con un patrimonio histórico y cultural invaluable. Uno de los bonitos lugares de Latinoamerica. Saludos felicitaciones por el post!